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...Un entrenador despedido por ganar por mas de 100 puntos

   
 

 

Navegando por la red, nos encontramos con una curiosa noticia, un equipo femenino de baloncesto de Dallas ganaba por 100 a cero a otro equipo de la ciudad. El resultado el despido del entrenador, pero no del que perdió sino del que gano. Una medida drástica y que seguramente vendrá motivada por otros actos acaecidos anteriormente, la noticia dice así:

El entrenador del Covenant High School, un instituto de secundaria de Dallas, Micah Grimes, fue despedido porque su equipo ganó por 100-0 al Dallas Academy. Una victoria aplastante que no gustó al director de la institución, Kyle Queal, que calificó el comportamiento del entrenador de "vergonzante y embarazoso". Y es que el Covenant ya ganaba 59-0 al descanso. "¿Por qué debería disculparme?", dijo Grimes cuando se le exigió una disculpa. "Las chicas han jugado como debían jugar. Esa es mi idea del baloncesto; siempre que podamos anotar, no veo nada de malo en ello". Eso fue lo que le costó el cargo.
El problema de los resultados tan abultados en estas categorías ya se recoge en los medios americanos desde 2004. El "New York Times" o "The Cincinnati Enquirer" cuentan que cerca del 20 por ciento de los partidos se saldan con "palizas" con diferencias de hasta 30 puntos. Pero no hace falta irse a Estados Unidos para vivir esta realidad. Es algo que sucede también en las canchas y campos de_Vigo y mientras que para algunos técnicos un triunfo así responde más a un ataque de ego, a una manera equivocada de medir un triunfo, para otros no es más que una manera de motivar, un premio al trabajo, siempre que no se trate de categorías inferiores.
Para Alfonso Martínez, Fon, entrenador del Coruxo F.S, el despido de Micah Grames depende, en gran medida, de los objetivos del equipo, "pero si el objetivo real de esta competición es el de educar, el de impartir valores con el deporte, entonces no está justificado". Para Fon, el juego de la canasta "es un deporte donde influyen mucho los coeficientes anotadores, pero también los códigos éticos. Siempre hay tácticas por las que un equipo puede rebajar la presión. Todo depende de los objetivos y de la normativa propia de esa competición", insiste.
En Vigo no se daría tal circunstancia en las categorías de hasta 12-13 años, donde a partir de una cierta diferencia en el marcador no se siguen contando las canastas. En fútbol sala a partir de 10 goles de diferencia tampoco se recoge en el acta. "Aquí entra en tela de juicio también la normativa de la competición en Dallas", añade.
A sus 60 años, Enrique, entrenador del Olivo Caixanova de fútbol femenino, ha vivido multitud de experiencias en este sentido. "Si hablamos de una categoría de sénior, a veces hay que analizar la competición, donde entra el tema del basketaverage o la diferencia de goles, que en algunas categorías y competiciones influyen en los objetivos. Pero yo recuerdo el caso de un entrenador que su equipo ganó por 27-0 y les invitaba a una merienda si en el partido de vuelta superaban esta ventaja. No apruebo que el entrenador sea el que promueva esa actitud", explica. "Los entrenadores podemos hacer mucho para evitar este tipo de resultados, sobre todo cuando hablamos de categorías inferiores. Si no hay mayores condicionantes, me parece inapropiado. Yo nunca me he sentido orgulloso de que mi equipo ganase por goleada". Enrique considera que "estos resultados tan escandalosos, en esas edades, pueden tener consecuencias nefastas. También estoy en contra de que la prensa resalte los partidos en los que se dan este tipo de resultados. Estás ofendiendo al derrotado".
Por su parte, Ángeles Liboreiro, entrenadora del Compañía de María y seleccionadora gallega cadete de baloncesto, no comparte del todo esta opinión. "Si hablamos de niños de 8 o 9 años no estoy de acuerdo, pero con chicos de 14 o 15 no veo nada de malo. Cada uno en el campo muestra el reflejo de su trabajo", expone. "Si hablamos de categorías de benjamines, por ejemplo, ya no pasaría eso, porque hasta los 12 años no se reflejan esas diferencias tan abultadas en las actas, pero si no estamos premiando al vago y no al fuerte. Si no hay otros condicionantes, creo que siempre hay que premiar al que más trabaja". Para Liboreiro, "la vida es así, hay gente mejor y gente peor y todos hemos recibido algún día una goleada o una derrota abultada y no pasa nada. Creo que ahora, de repente, también se tiende a proteger demasiado a los chicos y eso tampoco beneficia".

   
   
 
   
 
 
 

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